Autor: Laidy Riveros | Diorama

Avanzar hacia una refrigeración comercial eficiente y sostenible que responda a los desafíos ambientales y climáticos actuales, representa también una oportunidad para impulsar la competitividad de este sector en Colombia. Si bien el país definió unas metas claras de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), y el sector de refrigeración juega un papel estratégico para su cumplimiento, al reducir el consumo energético y los costos operativos, el sector puede modernizarse, cumplir con estándares ambientales y responder a una demanda creciente por prácticas responsables.

Para apoyar lo anterior, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, junto con el apoyo de la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ), formuló la Estrategia Nacional para la implementación de medidas que promuevan la eficiencia energética y la reducción del impacto ambiental de los sistemas de refrigeración comercial. Esta hoja de ruta combina soluciones tecnológicas y herramientas financieras adaptadas a las necesidades del sector.

Sin embargo, pasar de los sistemas tradicionales de refrigeración a tecnologías más limpias no es tarea sencilla. Más allá de las innovaciones técnicas, existen barreras operativas, logísticas y, sobre todo, financieras para su implementación. La transición implica inversiones iniciales significativas en nuevos equipos, contar con personal capacitado, repuestos adecuados y condiciones de operación que aseguren su sostenibilidad. Por esa razón, la Estrategia propone una arquitectura financiera pensada para hacer viable esta transformación, conectando las necesidades del sector con las oportunidades de financiamiento disponibles, tanto en el ámbito nacional como internacional.

I. ¿CÓMO ELEGIR LAS TECNOLOGÍAS NUEVAS A IMPLEMENTAR?

Con el fin de identificar las alternativas tecnológicas más costo-eficientes que ayudan a reducir el consumo energético y las emisiones de GEI del sector de refrigeración comercial, el Ministerio de Ambiente, con apoyo de GIZ, desarrollaron un modelo financiero destinado a apoyar la toma de decisiones de los distintos actores del sector en esta materia. Este modelo toma como referencia para el análisis un escenario Business As Usual (BAU), que simula el comportamiento energético y de generación de emisiones de los sistemas de refrigeración actualmente utilizados en los cinco tipos de tiendas que definió la Estrategia: hipermercados, supermercados grandes, medianos, pequeños y tiendas de conveniencia.

Con base en ello, la herramienta permite evaluar la implementación de 22 tecnologías disponibles para cada tipo de tiendas aplicable, así como múltiples combinaciones de variables, teniendo en cuenta sus costos de inversión (CAPEX), operación (OPEX), consumo energético y generación de emisiones de GEI. Los resultados, además de proyectar flujos de caja libres para cada tecnología (Valor Presente Neto – VPN) y calcular indicadores financieros de rentabilidad de las inversiones (Tasa Interna de Retorno – TIR) para cada escenario, se presentan en las llamadas curvas de costos marginales de abatimiento (MACC), herramientas gráficas que evidencian cuánto cuesta reducir una tonelada de CO2eq en relación con el potencial de mitigación de cada alternativa tecnológica. Lo anterior facilita la comparación entre las distintas tecnologías y genera insumos para determinar cuáles son las alternativas más rentables y eficientes en términos de reducción de emisiones de GEI, permitiendo así priorizar las medidas más efectivas para cada tipo de tienda.

II. OPCIONES REALES PARA VIABILIZAR EL CAMBIO

La arquitectura financiera plantea cuatro caminos principales para viabilizar, en términos monetarios, la implementación de las tecnologías priorizadas (ver Figura 1). El primero es la sustitución progresiva de equipos, una solución que permite repartir la inversión en el tiempo y facilitar la renovación tecnológica sin afectar la operación diaria. Esta opción es especialmente útil en sistemas no centralizados, donde es posible hacer recambios parciales con una inversión inicial más baja y con la posibilidad de recuperar valor residual al final del proyecto.

Figura 1: Opciones para viabilizar la implementación de las alternativas tecnológicas

El segundo camino está en el uso del apalancamiento que pueden ofrecer los instrumentos financieros disponibles en Colombia. Entidades como Findeter y Bancóldex ofrecen líneas de crédito con condiciones preferenciales a través de los bancos comerciales. A su vez, entidades como el Banco de Bogotá, Bancolombia, Davivienda, Bancamía y el Banco Agrario ofrecen productos financieros especializados (i.e. créditos verdes, leasing sostenible y préstamos vinculados a indicadores de sostenibilidad) diseñados para financiar proyectos con enfoque ambiental. Estos instrumentos pueden otorgar beneficios en tasas, periodos de gracia y asistencia técnica, buscando impulsar la mitigación del cambio climático y la optimización de procesos productivos a través de la reconversión hacia tecnologías limpias.

La tercera vía es el acceso a financiamiento internacional. Esta opción busca cubrir parcial o totalmente el CAPEX mediante subvenciones o recursos no reembolsables. Aunque resulta atractiva, esta opción presenta tres desafíos importantes: altos costos de estructuración, requisitos técnicos y administrativos complejos, y la necesidad de agrupar proyectos para alcanzar los valores mínimos de financiamiento.

Para hacerle frente a lo anterior, la arquitectura propone la estructuración de proyectos colectivos. Esta solución permitiría agrupar a varios supermercados y tiendas de conveniencia bajo una misma iniciativa, reduciendo costos administrativos y aumentando las probabilidades de acceder a recursos internacionales. Una entidad especializada podría encargarse de coordinar el diseño, la implementación y la rendición de cuentas del proyecto, generando así beneficios compartidos para todos los participantes.

Finalmente, la cuarta opción propone la participación en el mercado voluntario de carbono de Colombia. En este mercado, los supermercados o tiendas de conveniencia que implementen tecnologías de eficiencia energética pueden generar certificados de reducción de emisiones y venderlos a empresas interesadas en compensar su huella de carbono. Para acceder a este mercado, los proyectos deben cumplir con estándares nacionales e internacionales, como la Resolución 1447 de 2018, la norma ISO 14064-2 y las disposiciones del Sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV). Además, en el caso de la refrigeración comercial, existen metodologías específicas que permiten cuantificar reducciones derivadas del menor consumo energético y la disminución de fugas de refrigerantes.

Estos certificados son emitidos tras un riguroso proceso de validación y verificación realizado por terceros acreditados. La validación revisa la formulación del proyecto, mientras que la verificación evalúa los resultados alcanzados durante la implementación. Si se cumplen los requisitos técnicos y normativos, se otorga la certificación mediante un estándar de carbono reconocido. No obstante, este proceso implica costos significativos asociados a la gestión técnica y administrativa, por lo que la arquitectura recomienda explorar la posibilidad de estructurar proyectos conjuntos a nivel sectorial. Esta estrategia permitiría reducir los gastos individuales mediante economías de escala, facilitando el acceso al mercado de carbono para actores pequeños y medianos del sector.

III. DEL ANÁLISIS A LA EJECUCIÓN

La Estrategia Nacional junto con su arquitectura financiera han demostrado que, con información técnica clara, herramientas financieras adecuadas y apoyo institucional, es posible viabilizar inversiones que mejoran el desempeño ambiental del sector de refrigeración comercial. Las oportunidades están sobre la mesa: desde el acceso a instrumentos financieros locales e internacionales hasta la generación de ingresos a través del mercado de carbono.

El desafío ahora es pasar de la intención a la acción. Los supermercados y tiendas de conveniencia tienen la posibilidad de construir un sector más competitivo, moderno y alineado con las tendencias globales. Sin embargo, este esfuerzo no debería ser aislado, sino que debería reflejar también una apuesta colectiva que posicione al sector como un referente regional en materia de sostenibilidad.